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Domingo 18 de febrero,
2007 |
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Carreras de países Costa Rica pertenece al selecto club de
28 países del mundo con “democracia plena” El nuestro es, como nunca en la historia, tiempo de carreras. Pero no me refiero a las carreras cotidianas para llegar a hora, cumplir con los oficios diarios, o simplemente sobrevivir sin ser atropellados por la prisa de los otros. Hablo de las comparaciones entre países, empresas, universidades, selecciones de fútbol y fortunas personales que conducen a la formación de jerarquías comúnmente conocidas por su nombre en inglés: rankings . Examinando el desarrollo de los países, entre las clasificaciones más respetadas y reconocidas se encuentra el Índice de Desarrollo Humano, IDH, ideado por el PNUD para reordenar a las sociedades no solamente en virtud del crecimiento económico, sino también en relación con la calidad de vida de las personas. Este índice pondera el Producto Interno Bruto por persona, que equivale al valor de los bienes y servicios producidos por el país a lo largo de un año divido por la población; con el dato de esperanza de vida al nacer, que ofrece una aproximación al estado general de la salud pública y con un indicador compuesto de educación basado en el grado de alfabetismo de los adultos y la tasa bruta de matrícula. El último informe de 2006, con datos de 2004, coloca a Costa Rica en el lugar 48, lo que representa el cuarto puesto latinoamericano superado por Uruguay, Chile y Argentina. Un vistazo comparativo muestra que el rezago en educación y el menor producto por persona son nuestras debilidades, aunque si se ajustara el índice del PIB para considerar el efecto de la desigualdad, la ventaja chilena por ejemplo tendería a disminuir. Visto el desempeño económico de los últimos años, no sería raro que la posición de Costa Rica muestre mejoría respecto de nuestros competidores más cercanos. Competitividad. Otro indicador global ampliamente aceptado es el Índice de Competitividad, IC, publicado anualmente por el Foro Económico Mundial. De la lista de 125 países y economías (el IDH cita 177), Costa Rica ocupó el puesto 53, y mejoró desde la posición 56 un año atrás. Este es el segundo mejor puntaje en Latinoamérica solamente superado por Chile, que se mantiene en la casilla 27. Muy lejos, en las casillas 69 y 73, se encuentran Argentina y Uruguay, nuestros compañeros en desarrollo humano. El IC comparado con el IDH es mucho más complejo. En una estructura de 9 pilares, se ponderan indicadores institucionales, de infraestructura, desempeño macroeconómico, salud y educación, capacitación y calificación, eficiencia de los mercados, apresto tecnológico, sofisticación en los negocios e innovación. A pesar de las diferencias de construcción los resultados son semejantes: entre los primeros 50 países el IDH y el IC coinciden en 43, aunque el orden varía. La calidad de la democracia también es objeto de ponderación. La organización Freedom House por largos años ha estimado la evolución de las libertades civiles y los derechos políticos en el mundo. Pero recientemente, la revista The Economist ha construido un indicador denominado Índice Democrático que analiza 60 variables agrupadas en 5 categorías: elecciones libres, libertades civiles, gobierno funcional, participación política y cultura política. De una muestra de 167 países y territorios, Costa Rica ocupa la casilla 25, y es el país latinoamericano mejor ponderado y uno de los dos (junto a Uruguay en la posición 27) que integran el exclusivo club de 28 sociedades con “democracia plena” de acuerdo con los criterios de The Economist . Estas carreras de países no deben perderse de vista, pero tampoco sobreestimarse. Las fuentes de los datos son muy desiguales en calidad y continuidad, por lo que muchas veces estos ejercicios vienen precedidos de numerosas advertencias sobre la comparabilidad en el tiempo y entre países. De cualquier manera, dan una idea general, cercana a lo que puede constatarse a ojo de buen cubero, de lo que pasa con el desarrollo en el mundo. Así, con un grano de sal, podemos decir que el desempeño
nacional es muy bueno en desarrollo humano, notable en competitividad y
extraordinario en el plano de la política democrática. Ello conduce a una
simple conclusión: el país ha ido bien aunque en todo pueda mejorar. Pero
debe hacerlo con recurso a su mayor fortaleza: la capacidad de procesamiento
democrático de las diferencias y los conflictos. Tal proceder, como en el
pasado, puede requerir un ritmo más lento, un andar pausado, pero a la vista
de los resultados nos permite avanzar en todos los planos. Con fortaleza en
las capacidades de gestión democrática, a largo plazo el país ha ganado en
competitividad y desarrollo humano. El lamento cotidiano por el tiempo
perdido no me parece justificado en vista de nuestro buen desempeño
comparado. Democracia plena en función es el requisito innegable de nuestro
camino al desarrollo.
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